Bienvenidos a Las Crónicas de un Gamussino.
Ayer en el Hobby (el Hobby es un pub) me dí cuenta de que había llegado el momento. Negarlo no tiene ningún sentido. Todos los borrachos y los personajes que deambulan por la noche de Alcoy acuden a mí antes o después.
Pero antes que nada, habría que mencionar a unos cuantos clásicos.
Si no me falla la memoría (y mi memoría suele fallar), el primero o uno de los primeros amigos que hice fué "El Pantera". Este personaje vino a mí una vez, en el Easy Raider (el Easy Raider es un bar). Nunca me ha dicho nada que merezca la pena recordar durante más de 10 segundos, así que transcribir alguna de sus conversaciones me resulta imposible. El caso es que en algún momento hace unos meses, dejó de hablarme, para pasar a mirarme con recelo, como si le hubiera hecho algo... Es decir, parece que ahora cuando nos cruzamos es él es que pasa de mí. Irónico. En cualquier caso, no es algo que lamentar...
Aparte del Pantera han habido muchos, pero no recuerdo muchas situaciones. Aunque ahí tenemos al "Rafeta". Bueno, en realidad el Rafeta debería ser yo, y así se contempla en mi ficha de
Los Miserables, ya que, cual si fuera amigo, este me dijo: "Eh, Rafeta!", "Tu no eres el Rafeta?". Supongo que dijo también alguna otra cosa, pero una vez más no me acuerdo. Desde que le saqué de su error, no he vuelto a saber de él.
Otro asiduo del que presumo que hablarémos mucho en estas crónicas es el "Ponyboy". Rockabilly jugador de billar, este personaje es fácil de encontar en el Easy Rider.
Pero ya es hora de centrarse el los hechos que tuvieron lugar ayer, sábado 13 de mayo.
Nos encontramos a las puertas de Easy Rider, yo y cinco o seis más. Entonces hace aparición un nuevo candidato. No es como los demás, que salen del local para irse, o que salen buscando a alguien que hay fuera. No, este sale, y sin rumbo aparente, acaba apoyandose en un coche a mi lado. Tras romper el hielo con lo básico nos pide un cigarro. Esta es una situación graciosa. Ocho tios sentados delante de un bar a las 2:30AM, y nadie tiene un cigarro. El caso es que niguno de nosotros fuma, salvo el Ruso, del que ya hablaré en otra ocasión... Depués de ver que no hay cigarros para él, mi nuevo amigo se dispone a ahuecar el ala, cuando, de algún modo acaba contando un chiste.
Mas tarde en el Hobby, cuando ya sólo quedamos tres, me apoyo en un rincón, y un nuevo elemento, presumiblemente bien cocido, no tarda en darme un palmadita mientras ladra algo que no entiendo.
En fin, por desgracia no llevo la cuenta de cuantos tios han acudido a mí por la noche, pero si llevo la cuenta de tias. Una. Digo yo que va siendo hora de que se equlibre un poco la cosa, no?
En fin, es hora de despedirse, pero pronto volveré, con nuevas y escalofriantes historias sobre mis encuentros...